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Gabriel Impaglione
Argentina
Las cosas llevan su sombra
apenas
o la cáscara que las desmemorias
adhieren en la espalda.
Así los días
mientras los testigos de nada,
los miradores de nada,
los sabedores de ninguna cosa
los no anoticiados,
los desatentos vigias de los huecos,
los incrédulos charlatanes
de la hora en punto,
como siempre
no dicen
nada
más
le pertenezco.
Y luego la historia y todo eso,
ciertos historiadores por ejemplo,
archivistas y titiriteros,
coreutas de la hora oficial
y sus esbirros,
saliendo a las hogueras
cargados de libros de poesía.
Siempre ha sido así
en todas partes.
Y a pesar de todo.
Ahora, por ejemplo,
aquí, en la colonia,
la poesía resiste rodeada de cartón
pintado
y pobres de verdad
o sea hambrientos
que no son escenografía
ni extras de una de terror,
sino palpables, tangibles
presencias de semejante
vivo
se huele
su olla vacía a la distancia.
A pesar de las estadísticas
del míster ministro
y los secuaces del fondo
y la derecha.
Como siempre, digamos,
como ahora, de ahora
por ejemplo.
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